|
"Es un mundo aparte", escribió un joven Julio Cesar, recién nombrado gobernador de Hispania Ulterior, en referencia al castro de Las Cogotas.
Cita obligada en los estudios sobre la Edad del Hierro, este castro, situado a orillas del Adaja en el término de Cardeñosa, es merecedor de un tratamiento específico al constituir un patrimonio de primer orden. El recinto, influenciado por los cambios arquitectónicos de comienzo del Siglo II a.e. y por el estimulo comercial de Roma, hace gala de unas defensas espectaculares constituidas por un doble recinto amurallado, baluartes de gran solidez y campos de piedras hincadas que imposibilitaban los ataques por sorpresa.
En el espacio interior se distingue un sector de interés colectivo con diversas áreas especializadas, albergando una importante concentración de población, con viviendas, talleres y edificios públicos.
En el área exterior, orientado al sur, se encuentran el basurero, el cercado de ganado, las alfarerías y las fraguas.
En las afueras del castro se extiende una basta necrópolis con una gran riqueza de ajuares funerarios.
Su tamaño, sus enigmáticas producciones escultóricas y la cerámica en torno de vasos de borde vuelto y labio engrosado en forma de "cabeza de pato", son algunas de las características que significan al más célebre de los castros vettones.
Las excavaciones del castro de Las Cogotas destapan múltiples incógnitas acerca de la organización interna del entramado urbano. La imagen que hoy tenemos de las gentes que lo construyeron es una imagen parcial, una imagen deformada que sólo abarca una pequeña parte de lo que debió de ser en realidad.
|